Cuidar la materia noble es un acto de preservación para asegurar que su refugio térmico permanezca intacto. Al ser fibras orgánicas y vivas, exigen una manipulación consciente.
1. El Lavado: Sin Fricción
Ventilación: Al ser antibacteriano, muchas veces basta con colgarlo al aire libre. Lávelo solo cuando sea estrictamente necesario.
Agua fría (< 180°C / 30°C): El agua caliente encoge la fibra. Use siempre agua fría o tibia.
Detergente neutro: Use jabón especial para lana. Evite suavizantes comerciales; asfixian el hilado.
Tacto suave: Sumerja y presione suavemente. Nunca frote, estriegue ni retuerza para evitar motas (pilling).
2. El Secado: En Plano
Retiro de agua: Extienda la prenda sobre una toalla limpia, enróllela y presione suavemente para absorber la humedad.
Secar en plano: Déjela horizontal a la sombra.
Prohibiciones: No use secadora (arruina el tacto) y no lo cuelgue húmedo (el peso de la gravedad deforma el cuello y los hombros de forma irreversible).
3. El Guardado:
Siempre doblado: Nunca lo mantenga en percha; la gravedad estira el tejido tubular con los meses.
Ambiente limpio: Guarde en un espacio seco con elementos naturales como madera de cedro o lavanda para proteger la lana de forma orgánica.
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